Sabíamos que algo raro tenía ese bonito edificio románico. Se notaba como si el ambiente vibrara... pero estaba lloviendo y era el único edifico abierto que encontramos en todo Caldas de Reyes.
Alguno ya empezó a plantearse, empapado, que quizás no hubiese sido tan buena idea hacer el Camino de Santiago desde Portugal, pero a caballo regalado...
A todos nos sorprendió la notificación de que nos había tocado en un sorteo un viaje pagado por el Camino de Santiago portugués, pero no teníamos planes para este verano.
Verano... Quién hubiera pensado que lloviera así tanto un verano...
El viaje no empezó mal, hasta Tui todo fue muy rápido y cómodo, en avión hasta Lisboa y en tren hasta la frotera con Galicia. Pero allí, el extraño guía que nos recogió ya apuntaba que aquel sería un viaje distinto.
Entre nosotros apenas nos conocíamos, pero desde el principio nos llevábamos bastante bien. Enseguida tuvimos buen rollo entre todos y nos preguntábamos de donde habría salido un tipo tan raro como el guía. Y el caso es que a algunos nos sonaba de algo...
La lluvía lo fastidió todo... Aquello parecía el diluvio, y todos nos íbamos a congelar. Así que cuando nuestro guía nos dijo que el único sitio disponible era esa bonita iglesia, nos metimos corriendo todos en ella a pasar la noche.
Lo raro fue que al guía no lo volvimos a ver. Pero tras acampar como pudimos dentro, lo más raro de todo empezó a la mañana siguiente... Cuando salimos fuera, parecía aquello un mercadillo medieval. O Juego de Tronos. El pueblo se había transformado, había desaparecido el cemento y el cristal, y sólo veíamos piedras y maderas...
Seguro que es una broma... Y de las buenas. O eso pensábamos al principio. ¡Qué nivel de detalle! Todo parecía tan... real. Las ropas, las herramientas, las casas... incluso el olor. Pasear por allí era asombroso. Hasta el aire no olía a tráfico, sólo a animales, sudor, estiércol y campo. Intenso, y algo desagradable, pero muy distinto de lo que acostumbramos. Todo estaba muy conseguido
Nuestro asombro se vio superado por nuestro apetito. Lo primero es lo primero. Había que buscar algo para comer, así que nos acercamos a las casas. En los mercadillos que hacen por nuestra zona siempre hay mucha comida.
Preguntar no sirvió de nada. Esa gente hablaba raro. Muy raro.
- ¡Alemán! -dijo uno de los nuestros- Eso es alemán, pero algo raro. Lo entiendo, pero dadme tiempo.
Mientras nuestro compañero intentaba entenderse, los demás empezamos a inquietarnos. ¿De dónde habían salido tantos alemanes con estos disfraces?
Una mujer se acercó a nosotros, y nos habló en castellano:
- Bienvenidos. Os esperábamos. Ahora que estáis aquí podemos empezar.
Ante nuestro asombro nos dijo que habíamos sido elegidos por nuestras habilidades específicas, y que en nuestras manos estaba arreglar algo sobre la continuidad.